Nunca fue a la escuela. A los 12 años, fue violada. Aprendió a leer y a escribir gracias a Josecito, el amor de toda su vida, quien la rescató de la calle. Se casó y tuvo dos hijos pero nunca olvidó sus orígenes. Un día un chico de su barrio le pidió algo para comer. Gastó los ahorros que tenía junto a su marido y preparó una gran cena para esos pibes. “Puse mi mejor mantel, mis mejores servilletas y preparé milanesas a la napolitana, ensaladas y postres. Era una fiesta”, recordó alguna vez.
El pasado diciembre Dios se la llevó con él.